Nueva semana, y una nueva edición para la cual tenemos tres piezas que queremos compartir contigo.
ESTUDIO DE CORNELL: EXIMIR DE IMPUESTOS LAS COMPRAS PEQUEÑAS CON BITCOIN GENERARÍA INGRESOS PARA EE.UU.
Un proyecto de ley del que no se habla mucho podría acercarnos a una respuesta oficial a una pregunta que la ley fiscal de Estados Unidos nunca ha resuelto bien: ¿es bitcoin dinero, o es una inversión?
Qué pasó: El 30 de junio de 2025, la senadora republicana Cynthia Lummis presentó el proyecto de ley S. 2207 para reformar el tratamiento fiscal de los activos digitales en Estados Unidos. Su segundo artículo crearía una exención de minimis: las ganancias obtenidas al usar bitcoin u otro activo digital para pagar una compra de menos de $300 quedarían exentas de reportarse como ganancia de capital, con un tope de $5.000 en ganancias exentas por contribuyente al año. Ahora, un análisis publicado esta semana por el Tech Policy Institute de Cornell Brooks Public Policy concluye que la exención, lejos de costarle dinero al gobierno, generaría un ingreso fiscal neto a diez años, con un estimado central de $859 millones, porque el gasto adicional que la medida desbloquearía compensaría con creces lo que se dejaría de recaudar. Esta no es la primera vez que se intenta aprobar la medida: se propuso en 2025 como enmienda al gran proyecto de reconciliación fiscal de Trump, pero fue descartada sin llegar a votarse, lo que llevó a Lummis a presentarla como proyecto independiente. Tratándose de un cambio al código fiscal, este tipo de propuestas rara vez se convierten en ley por sí solas, así que no sería raro que, de avanzar, termine absorbida dentro de un paquete cripto más amplio en el Congreso.

Por qué importa: Hoy, la ley estadounidense trata usar bitcoin para pagar algo, sin importar el monto, igual que vender una inversión: hay que calcular la ganancia, identificar el costo base y reportarlo, incluso si se trata de algo tan sencillo como comprar un café. Esa fricción es una de las razones por las que bitcoin sigue funcionando, en la práctica, más como algo que se guarda que como algo que se gasta. Y en América Latina, el problema es todavía menos claro: la mayoría de los países no tiene siquiera un marco fiscal específico que distinga entre tener bitcoin como inversión y usarlo como medio de pago, así que ni el incentivo ni la claridad existen todavía.
Para pensar: Lo más relevante de este proyecto no es cuánto recaudaría o dejaría de recaudar el gobierno, sino lo que reconoce de fondo: que cobrarle impuesto de ganancia de capital a cada compra pequeña nunca tuvo sentido para un activo que también funciona como dinero. Si avanza, sería uno de los pocos casos en los que la ley empieza a tratar a Bitcoin como lo que en realidad es, y lo haría, además, sin costarle nada al fisco a largo plazo.
A CINCO AÑOS DE SU LEY BITCOIN, EL SALVADOR SIGUE ACUMULANDO, PERO SIN ACLARAR CÓMO
Esta semana se cumplieron cinco años desde que bitcoin se convirtió en moneda de curso legal en El Salvador. Su reserva sigue creciendo, pero ni el gobierno ni el Fondo Monetario Internacional (FMI), conocido por su escepticismo hacia bitcoin, cuentan la misma historia sobre cómo lo hacen.
Qué pasó: El 7 de septiembre de 2021 entró en vigor la Ley Bitcoin de El Salvador, que convirtió al país en el primero del mundo en adoptar bitcoin como moneda de curso legal; esta semana se cumplieron cinco años desde ese momento. Ese estatus, sin embargo, ya no significa lo mismo que en 2021: en enero de 2025, como parte de las condiciones de su acuerdo de $1.400 millones con el FMI, El Salvador reformó la ley para que aceptar bitcoin dejara de ser obligatorio para los comercios y eliminó la opción de pagar impuestos con bitcoin, así que hoy sigue siendo moneda de curso legal en el papel, pero ya no en la práctica original de la ley. Pese a eso, según el panel oficial de transparencia del gobierno (bitcoin.gob.sv), la reserva estatal de bitcoin se ubicaba esta semana en 7.767,37 BTC, valorados en aproximadamente $614,7 millones, tras sumar 7 BTC en la última semana y 30 BTC en el último mes, un ritmo consistente con el compromiso público de comprar 1 BTC por día que el presidente Nayib Bukele adoptó desde 2022 y que la Oficina Bitcoin del país sigue publicitando en redes sociales. Esa narrativa choca con al menos otras dos versiones oficiales: se reporta que funcionarios de finanzas de El Salvador le dijeron al FMI que el país no ha comprado bitcoin desde febrero de 2025, y que el crecimiento de la reserva refleja la consolidación de bitcoin que ya tenían distintas billeteras del gobierno, no compras nuevas; mientras que el 4 de septiembre, el FMI afirmó que todo el bitcoin sumado a las reservas oficiales desde junio de 2025 proviene de donaciones privadas, sin revelar quién dona ni cuánto.

Por qué importa: Para el resto de América Latina, El Salvador sigue siendo el caso de referencia obligado sobre qué significa adoptar bitcoin a nivel de Estado, y este episodio muestra justamente la fricción que cualquier otro gobierno de la región enfrentaría si intentara lo mismo: la tensión entre seguir acumulando bitcoin y cumplir con las condiciones de un prestamista internacional como el FMI, del que dependen buena parte de los países de la región para financiarse. El desenlace de esta tensión en El Salvador (ya sea que el FMI termine aceptando la explicación de las donaciones o exija más transparencia) es una señal de cuánto margen real tendría cualquier otro país que quisiera seguir el mismo camino.
Para pensar: Más allá de cuál versión sea la correcta, hay un hecho que ninguna de las tres explicaciones logra ocultar: la reserva del país sigue creciendo, en un registro público que cualquiera puede consultar en bitcoin.gob.sv, casi exactamente al ritmo prometido. Bitcoin, con su historial de transacciones abierto a cualquiera, termina siendo más difícil de ocultar que la narrativa oficial que lo rodea.
LIQUID NETWORK, UNA SIDECHAIN DE BITCOIN, SUFRE UNA FALLA DE $320 MILLONES
Bitcoin no fue explotado ni hackeado esta semana, pero una red construida sobre él sí. Vale la pena entender bien la diferencia.

Qué pasó: El domingo 6 de septiembre, atacantes retiraron cerca de 4.000 de los 4.200 BTC que respaldaban Liquid Network, una sidechain de Bitcoin lanzada en 2018 por Blockstream y operada por una federación de más de 80 exchanges e instituciones, muy distinta de la red de miles de nodos y mineros que asegura a Bitcoin. Los fondos no salieron porque alguien robara una clave privada ni porque se rompiera la criptografía de Bitcoin: los atacantes explotaron un error de software en Elements, el código detrás de Liquid, que permitió crear L-BTC (el token que representa bitcoin dentro de esa sidechain) de forma indebida, y retiraron los fondos a través de SideSwap, una plataforma de intercambio autorizada dentro de la propia red. En ese momento, el mensaje dejado en cadena decía: “we are whitehats. contact us on chain” (somos hackers éticos, contáctennos en la cadena), y sus autores ofrecieron devolver la mayoría de los fondos a cambio de que Blockstream corrigiera la vulnerabilidad en el código. Al día siguiente, Blockstream confirmó la corrección y señaló que ya era seguro devolver los fondos; desde entonces, y tras varios mensajes intercambiados en cadena entre las partes (visibles en la blockchain, aunque la mayoría con contenido cifrado que no se puede leer públicamente), el grupo ha devuelto 3.400 de los 4.000 BTC, mientras unos 598 BTC (cerca de $47 millones) siguen sin regresar, y la red permanece pausada mientras se completan revisiones de seguridad adicionales antes de reactivarla. Al momento de escribir esta pieza, no está claro si esos 598 BTC forman parte de algún acuerdo entre las partes, así que no vamos a especular al respecto: esperaremos una confirmación oficial.
Por qué importa: Varios exchanges y plataformas que operan en América Latina se conectan a Liquid Network para liquidaciones más rápidas o baratas, así que vale la pena que cualquier usuario de esos servicios entienda qué estuvo realmente en juego: la confianza depositada en una federación específica, no la seguridad de Bitcoin como tal. Cualquiera que no haya usado Liquid Network no tuvo ninguna exposición a este incidente: su bitcoin, en la cadena principal, nunca estuvo en riesgo.
Para pensar: Bitcoin, en sus más de 17 años de historia, nunca ha sufrido un ataque que drene fondos por una falla en su propio protocolo. Cada “hackeo de Bitcoin” del que se suele hablar termina siendo, si se mira de cerca, la falla de algo construido a su alrededor: un exchange, un puente, una federación. Y entender dicha diferencia importa.
Gracias por tomarte el tiempo de leer hasta el final. A diferencia de instituciones y gobiernos, Bitcoin no necesita que nadie le aclare nada: sigue haciendo exactamente lo que prometió desde el primer bloque en enero de 2009.
Hasta la próxima semana, ignora el ruido y sigue la señal.
— Bitcoin en Español





